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Navidad, Navidad, dulce Navidad…

Navidad, Navidad, dulce Navidad…

Últimos días de este año 2017, un año más que se nos acaba y otro año que empezará con nuevos retos, nuevas esperanzas, nuevas promesas, y nuevos compromisos que nosotros mismos nos crearemos para luego cumplirlos o no… ¡quién sabe!. Lo cierto es que en estas fechas de tanto consumismo, cada año que pasa me propongo que para el año siguiente haré menos comida , me complicaré menos con las celebraciones navideñas, y compraré menos lotería … y aunque “progreso adecuadamente” , sigo pasándome en todo… y es que al final nos dejamos llevar por esta corriente consumista que nos arrastra a todos y que parece que nos nubla la vista y la capacidad de pensar por nosotros mismos. Porque si lo hiciéramos, seriamos más racionales y nos daríamos cuenta de cosas como estas:

  1. En cuestión de Lotería de Navidad: ¿por qué compramos tanto? ¿realmente es necesario?… en eso yo os puedo decir rotundamente NO, y con conocimiento de causa, porque la única vez que a mí me ha tocado la Lotería, llevaba un solo décimo, y me tocó el primer premio allá por el año 97. Las probabilidades de que toque son tan pocas… y son tantos los sitios donde ahora nos venden lotería que queremos llevar de todos ellos por donde pasamos: si viajamos nos traemos lotería de allí, si en el bar donde desayunamos tienen también la cogemos, claro, y en la tienda donde compramos también nos gastamos un extra en lotería , y alguna administración hay que visitar también que el año pasado tocó allí y por si acaso … ¿por si acaso qué?, si aunque toque en esa administración la lotería también hay pocas probabilidades de que lleves justo ese número, ¿o no? Y eso sí que sabe malo, que toque en la administración donde tú has cogido ese año, pero que a ti no te haya tocado ni un euro. Y luego están las famosas papeletas con recargos, para ayudar como en principio se crearon y eso estaba bien, para la Asociación contra el Cáncer, o Cáritas por ejemplo, pero es que ahora ya, también te venden lotería con recargo las Asociaciones de Vecinos, los colegios, las peñas de las fiestas, y hasta los amigos del pueblo que tienen su Asociación para hacer sus comidas y fiestecitas semanales. Y por supuesto , si conocemos a alguien de estos colectivos también nos sentimos obligados a comprar, y cuando echamos cuentas volvemos a constatar un año más, que aunque con suerte llevamos algo menos, seguimos pasándonos en comprar lotería, que hay gente que invierte la extra de Navidad en comprarla, incluso algunos que gastan mucho más. Así que este año después de contar lo que me he gastado y decirme una vez más que no puedo permitirme ese derroche, tengo que dar las gracias por tener un reintegro en un décimo (que por supuesto gastaré en la Lotería del Niño) y además una pedrea en una papeleta que jugué de 5 €, que se han convertido en 25. Así que estoy agradecida por lo que cobro, pero enojada conmigo misma por todo lo que me he gastado… un año más.
  2. En cuestión de Comidas y Celebraciones Navideñas: Voy aprendiendo con la edad y la experiencia: En mis primeras celebraciones en casa ¡¡¡ hacía tanta comida!!!… porque igual era poco, por si a alguien no le gustaba eso pues que tuviera lo otro, porque a los niños había que hacerles algo distinto que les gustara más, porque me quiero lucir un poco con algo más sofisticado y exquisito (¿??), porque voy a intentar hacer lo que salió en el último Masterchef, y que tenía tan buena pinta… que hasta  me compro un soplete de cocina para probar cosas y técnicas nuevas con las que sorprender a mis invitados (con lo de las esferificaciones ya no me he atrevido). Total, me paso una semana entera preparando el Menú, comprando, con la tarjeta temblando, y luego dos días casi sin salir de la cocina rodeada de cazuelas, sartenes e ingredientes de todas clases, incluso alguno que no sabía ni que existía hasta entonces. Y el día de la celebración, nos levantamos pronto, preparamos la mesa con esmero, decorándola con centros de mesa, velas, etc.  y luego la llenamos completamente de platos para todos los gustos y edades, y tras el vermut, los entrantes, el primero, el segundo de pescado, el sorbete de limón para bajar la comida, y el segundo de carne, nos plantamos con el postre o los postres, y para terminar la comida ligerita que hemos tenido … sacas las bandejas de turrones, bombones y polvorones para ir comiendo en la sobremesa mientras nos tomamos tranquilamente unas copas en tan buena compañía oyendo villancicos, y charlando un rato, o jugando a lo que se tercie, porque estos días hay que estar con la familia y las sobremesas son más largas como ya se sabe, y aunque estés muerto de sueño o necesites descansar de tanta preparación , hay que estar ahí aguantando el tipo, porque es Navidad, y es lo que hay que hacer. Bueno también, porque después de todo lo que hemos comido a ver quién es el guapo que puede levantarse de la silla si no es para tumbarse en el sofá. Así que después de pasar unas horitas todos felices ya la gente empieza a levantarse para irse a sus casas a descansar no sin antes llevarse cada uno algún tápper de sobras porque en mi nevera ya no cabe más… y tú te dices que ya sólo te queda recoger, fregar, barrer el comedor, pasar la fregona  y limpiar la cocina y tooooda la vajilla que has utilizado para el “banquete”… total nada… que a las 10 te sientas en el sofá y ya no hay quien te levante de ahí si no es para irte a la cama reventada.  Y te dices (te vuelves a decir) que al próximo año te organizarás mejor y cocinarás menos y cosas más fáciles. Yo creo que este año lo he conseguido:  he llevado la semana más tranquila en cuanto a pensar en el Menú, he comprado con anticipación lo que he podido en varios días sin agobios, y no me ha sobrado comida más que para comer el día siguiente de Navidad… así que me doy por satisfecha.  Aunque si he de decir la verdad, cuando nos juntamos todos en cualquier otra fecha del año para comer, yo creo que lo disfrutamos más, gastamos menos, y nuestra salud se altera bastante menos que en estas fechas en las que cenamos como en una boda, y al día siguiente volvemos a comer como en otra boda. Eso sí, tenemos una semana para recuperarnos un poco del estómago, y el cansancio general, porque luego volvemos a repetir nuevamente ¡ qué ilusión ¡
  1. Recapitulando: Estas fiestas en realidad no deberían ser así a mi entender, pero siempre han sido especiales, y es que cuando éramos pequeños lo que más ilusión nos hacía era juntarnos en Navidad con la familia, porque tampoco antes se podían hacer muchas celebraciones extras. Así que en Navidad cuando nos reuníamos con los tíos y las primas de Madrid era todo un acontecimiento. Y además había hasta langostinos cocidos para cenar( ¡¡¡ ) y polvorones y turrón. El resto de la cena o la comida, era más normalita y no se malgastaba tanto ni se tiraba nada y por supuesto, no gastaban más de lo que se podía, ni estábamos 3 horas comiendo. Eran otros tiempos, pero la Navidad se vivía en familia y por supuesto la comida no era lo más importante de todo. Luego no se salía por ahí, nos quedábamos en casa cantando villancicos, jugando al bingo y trasnochando un poco más de lo normal para ver los programas especiales que ponían en televisión todos juntos, y nada más y nada menos.

Yo echo de menos aquéllas navidades de mi juventud, incluso las más comedidas de mi niñez, pero he de reconocer que hay que seguir el ritmo que nos marcan porque si no parece que no vas con el progreso, aunque vuelvo a proponerme una vez más que al año que viene, cuando tenga que preparar la comida en mi casa,  gastaré menos, me cansaré menos preparando el ágape, pondré menos dulces, y cocinaré cosas más sencillas y sanas, para poder dedicar ese tiempo en disfrutarlo con las personas, con mi familia, que al fin y al cabo es lo más importante que tengo.

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